¿Qué es un Zoológico en el siglo XXI?

Desde la faraona egipcia Hatshepsut hasta nuestros días, el concepto básico de Zoológico en el Siglo XXI no ha cambiado porque la motivación más profunda sigue siendo la necesidad que tenemos los humanos de maravillarnos con nuestro entorno, con los seres vivos que nos rodean, con conocerlos en profundidad y con preservar ese conocimiento y fascinación para transmitirlos a las siguientes generaciones.

Por todo lo demás, no tienen nada que ver los Zoos del XXI con los de los siglos anteriores porque el conocimiento más profundo de la biología y el bienestar animal ha mejorado notablemente las condiciones de mantenimiento de los animales en las instituciones. Pero realmente el cambio profundo ha venido de la mano de la necesidad de implementar programas de conservación y reproducción para preservar las especies y evitar que se extingan.
En una especie de carrera contra reloj, esta situación crítica al borde la extinción de muchas especies ha servido de “espoleta” para que los zoológicos y acuarios demuestren que son, por excelencia, conocimiento y convicción, los centros más apropiados donde fundamentar esfuerzos de protección. Y se ha hecho demostrando la valía que tienen la experiencia y el buen hacer acumulados desde hace siglos en estas instituciones.

Probablemente, a la sociedad en general, le ha faltado entender que para frenar la extinción de una especie el enfoque debía hacerse desde dos puntos de vista complementarios: uno sería el de proteger su hábitat a largo plazo, y esto implica ofrecer un futuro a largo plazo a las comunidades que allí viven, con la visión de evitar crear islas protegidas e incomunicadas. Y por otro lado el de garantizar una población de esa especie que sea viable en número y en calidad genética para garantizar a largo plazo la repoblación de aquellos hábitats mencionados anteriormente cuando las circunstancias sociales lo aconsejen. Para este segundo paso, los zoos han demostrado durante siglos que la profesionalidad, devoción y entrega de sus profesionales han sido vitales para conservar multitud de especies de seres vivos.
Por esta razón no se entienden las críticas a los zoos cuando son una herramienta de biodiversidad y educación básica en nuestros tiempos. La posibilidad de llenar nuestros sentidos (vista, oído, olfato y tacto) que provoca una visita a un zoológico o a un acuario es una sensación difícil de poder experimentar hoy en día con el modo de vida que llevamos, alejado de lo natural y terrenal y más próximo a lo virtual. ¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos la necesidad de proteger especies animales y vegetales que no pueden defenderse por sí solas? ¿Cómo podemos convencer a nuestros hijos de que tengan en cuenta ser consumidores responsables eligiendo las opciones que demuestran respeto por el entorno? ¿Cómo podemos sensibilizarnos con los problemas que ocurren en nuestro mundo si ni siquiera encontramos una motivación en forma de seres vivos por los que merezca la pena ponernos de acuerdo para seguir maravillándonos con éstas en el futuro?

Son muchos los críticos de los zoos que muestran rechazo a hacer negocio con la vida de los animales. Si conocieran un poco de la historia de los zoos, se darían cuenta de que este aspecto no es una cosa perversa y ni mucho menos moderna, sino que desde el siglo 5 A.C. la protección de los animales siempre ha sido compensada con una motivación en forma de boleto, regalos o favores. Como cualquier acción de la vida cotidiana, porque todos cambiamos algo nuestro por algo que necesitamos. Y estoy convencido de que los animales que reciben buenos cuidados en los zoológicos y acuarios del mundo también estarán dispuestos a cambiar algo propio por lo que reciben de cuidados.
Con esto no quiero decir que no sea necesario seguir protegiendo los hábitats y aumentar el número de espacios donde los animales desarrollen su vida con independencia de los humanos, sino que lo que digo es que dejemos de ser hipócritas y de pensar que en los países , por ejemplo, del África subsahariana, los animales van a tener todo el territorio disponible limitando la necesidad de avanzar y modernizarse de aquellos pueblos.
Que nuestra sociedad sea moderna y que avance significa mayor bienestar para todos y también que crezcan las infraestructuras, las comunicaciones, la movilidad de las personas, etc. y todos sabemos que por desgracia eso no está siendo compatible al 100% con el mantenimiento de poblaciones animales y vegetales en el medio natural. Por eso digo que debemos dejar de engañarnos. Y aunque es cierto que por todo el planeta hay ejemplos de programas de conservación de especies y su hábitats (el Lince Ibérico en Andalucía, el Lobo Ibérico en Castilla y León, por ejemplo), estos programas son compatibles con realizar medidas de conservación de esas mismas especies en los zoológicos, porque ese es el papel de los zoos, ayudar a un bien mayor.

Esto es lo que debe ser un Zoo del siglo XXI, un espacio donde conservar, un espacio donde explorar, un espacio donde educar y un espacio científico donde se reúnan profesionales competentes y comprometidos para ayudar a un fin mayor.

El modelo elegido para ser un zoo del siglo XXI dependerá de las condiciones que mejor se adapten a su entorno, a sus condiciones particulares y a sus trabajadores. Podrá ser Ecoparque, Bioparque, Reserva, Zoo de ciudad o cualquier otra denominación que pensemos que se ajusta más a nuestro mensaje, pero sea cual sea, debe tener claro los objetivos anteriores y volcar sus esfuerzos en ayudar a preservar la biodiversidad. Si un Zoo no focalizara su actividad en este sentido, eso debería ser el motivo por el que recibir críticas y por el que ser sancionado por la administración competente. Ser criticados por otros motivos es desvirtuar la motivación real y buscar discursos fáciles y en ocasiones extremistas que captan adeptos rápidamente.
Desde aquí queremos transmitir un mensaje de compromiso con la labor conservacionista de los Acuarios y Zoológicos del siglo XXI. Y un mensaje de optimismo porque si todos, los profesionales del sector y la población en general, se alejan de extremismos y en cambio exigimos la mejor versión de los zoos, estaremos más cerca de preservar nuestro entorno y los seres vivos, y más cerca de transmitir ese respeto a las siguientes generaciones, alejándonos de la imagen distorsionada y equivocada de que la preservación del medio natural no depende de nosotros mismo, sino sólo de nuestros impuestos.

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